Homilía – Domingo, 25 de Febrero
Pienso que esta mañana, es adecuada para hablar acerca de lo que vemos y lo que no vemos. Por ejemplo, se ven muy bien hoy. Se han mirado al espejo últimamente para darse cuenta que tan bien se ven? Este es un espejo que tenemos aquí para las novias que se van a casar. Que ven en el?
Bueno, por supuesto que solo ven la parte de atrás del espejo. Que tal después de que el monaguillo le da la vuelta? Que ven ahora? Pero, por supuesto, - hazte para un lado y oriéntalo para que cada uno pueda ver. Que ven ahora? Oh, - yo te ayudo a mantenerlo estable. Ahora, se pueden ver en el espejo? Para que se puedan ver a ustedes mismos como realmente son, se hacen necesarias tres cosas:
1. Tienes que tener el espejo orientado en tu dirección.
2. No pueden haber obstáculos entre el espejo y tus ojos.
3. El espejo tiene que estar estable.
Sirac nos dice en la primera lectura que cuando nosotros hablamos de alguien decimos mucho mas acerca de nosotros mismos que lo que decimos acerca de aquella persona de la que nosotros pensamos que estamos hablando. Acaso sus madres alguna vez no les dijeron “cuidado con lo que dices”. No entendemos que cuando hablamos de alguien, no estamos mirando en nuestro propio interior porque el espejo esta orientado en otra dirección; pero otros nos están observando y por lo tanto, deberíamos ser mas cuidadosos con lo que hablamos!
Jesús nos dice que no debemos descuidar nuestro propio reflejo poniendo otras personas en frente de nosotros. Cuando proyectamos buenas o malas cosas hacia otras personas, generalmente estamos tratando de evitar mirarnos a nosotros mismos al colocar esa otra persona entre nosotros y el espejo. Criticando a otros nunca lograremos corregir nuestros problemas ni salirnos de nuestros pecados.
Necesitamos una mano firme que sostenga nuestro espejo. Jesús es esa mano firme. El nos conoce hasta lo mas intimo. A pesar de nuestros defectos y debilidades, El piensa que nosotros somos “lo máximo”. En otras palabras, el piensa que somos (en palabras del Salmo 139) hermosos y maravillosos. El nos ama.
La única persona que nos puede ayudar a ser mejores , mas felices, mas saludables y mas santos es uno mismo. El bautismo nos llama a ver todo a través de los ojos de Jesús. Nuestras madres estaban en lo cierto, como de costumbre, cuando nos decían que nos cuidáramos de lo que vamos a decir. La mejor manera de lograrlo es hacer del agua bautismal ese espejo en el cual nos veamos a nosotros mismos. Antes de empezar a hablar de otros debemos preguntarnos que es lo que vamos a decir acerca de nosotros. Debemos mirarnos el alma en el espejo de los ojos de Jesús. Debemos invocar con ímpetu el Espíritu Santo antes de hablar y pronunciar esas Buenas Noticias!