Ciclo C - Domínica 30 del Tiempo Ordinario
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Homilías

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Litúrgicas

En la parábola del fariseo y el publicano Jesús nos muestra que Dios escucha las oraciones cuando todos, justos y pecadores, nos mostramos ante Él conscientes de nuestra pobreza. Lo mismo nos indica el libro del Eclesiástico al decirnos que "la oración del humilde atravieza las nubes".

En la segunda lectura, San Pablo nos transmite su último mensaje antes de su martirio: todos lo han abandonado pero el Señor lo sostiene con su fuerza. Lo cual es suficiente para un cristiano de temple.

  "El publicano decía:
¡Oh Dios!, ten compasión
de este pecador"
| Primera Lectura | Salmo Responsorial |
|
Segunda Lectura | Evangelio |

 

 

 

 

  Primera Lectura
La oración del humilde llega hasta el Cielo

Lectura del Eclesiástico
(Sirácide) 35, 15-17, 20-22

El Señor es un juez que no se deja impresionar con apariencias.
No menosprecia a nadie por ser pobre y escucha las súplicas del oprimido.
No desoye los gritos angustiosos del huérfano ni las quejas insistentes de la viuda.

Quien sirve a Dios con todo su corazón es oído y su plegaria llega hasta el Cielo.
La oración del humilde atraviesa las nubes, permanece sin descanso y no desiste, hasta que el Altísimo lo atiende y el justo juez le hace justicia.

Palabra de Dios.

  Salmo Responsorial. 33.
R.
El Señor no está lejos de sus fieles

Bendeciré al Señor a todas horas
no cesará mi boca de alabarlo.
Yo me siento orguloso del Señor,
que se alegre su pueblo al escucharlo

En contra del malvado está el Señor,
para borrar de la tierra su recuerdo.
Escucha, en cambio, al hombre justo
y lo libra de todas sus congojas.

El Señor no está lejos de sus fieles
y levanta a las almas abatidas.
Salva el Señor la vida de sus siervos.
No morirán quienes en Él esperan.

   
  Segunda Lectura
Ahora solo espero la corona merecida

Lectura de la segunda carta del apóstol San Pablo a Timoteo 4, 6-8, 16-18

Querido hermano:
Para mí ha llegado la hora del secrificio y se acerca el momento de mi partida. He luchado bien en el cobate, he corrido hasta la meta, he perseverado en la fe. Ahora sólo espero la corona merecida, con la que el Señor, justo juez, me premiará aquel día, y no solamente a mi, sino a todos aquellos que esperan con amor su glorioso advenimiento.

La primera vez que me defendí ante el tribunal, nadie me ayudó. Todos me abandonaron. Que no se les tome en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, por mi medio, se proclamara claramente el mensaje de salvación y lo oyeran todos los paganos. Y fui librado de las fauces del león. El Señor me seguirá librando de todos los peligros y me llevará a salvo a su Reino celestial. A Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

  Evangelio
El publicano regresó a su casa justificado y el fariseo no.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 18, 9-14

En aquél tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás:

"Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias'.

El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho, diciendo: 'Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador'.

Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido".

Palabra de Dios.

 

 

 

 

 

  Homilías
  P. Gustavo Vélez

P. Humberto Jiménez

P. Juan Carlos Rivva

P. Diego Marulanda

 

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